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El cuadrado de un elefante es igual a la raíz cuadrada del cosmos

El cuadrado de un elefante es igual a la raíz cuadrada del cosmos

Bruno Rojas

La pastilla entró cual gusano sobre un ser vivo. Sin querer me había sometido a lo que me estaba persiguiendo durante mucho y poco tiempo.

El mundo se encontraba bajo una precisa amenaza de un nuevo aparato mortífero que mostraría al humano el verdadero poder sin intervención del átomo. El objeto era llamado en sí solo como serpentina amarilla, dado a su peculiar forma lineal.

Su intervención sería por medio de la presente realidad en sí, la cual de todas formas era inestable. Miles y miles de federaciones y organismos gubernamentales temían de más a la presencia de tal objeto. Presión y aún más seguía superficialmente y a su vez no.

La gente que alcanzó a presenciar dicho anti – milagroso objeto se metió a un tratamiento desconocido, influenciado por el gobierno secreto primordialmente, que impactó su visión de la realidad como la iban a conocer. Se decía que funcionaba como los psicotrópicos, realizando viajes neuronales impresionantes para engañar a cualquier uso del cerebro del sujeto.

Propiamente me di a la tarea de interrogar a cualquiera que se hubiera sometido a dicho estado o dichos escenarios, fue entonces que descubrí lo que creía imposible en su vez. Di con la serpentina amarilla, almacenada en un frasco ovalado y oxidado efervescente, el cual, emitía un olor indescriptible e incluso fuera de lo humano. Parecía que se trataba de un objeto que viajaba a los conceptos mismos de otra dimensión superior a la nuestra. Una cinta amarilla con destellos que asemejaban a manchas de sangre, envestidas sobre una superficie semejante a la de un cocodrilo y serpiente, inhumano completamente.

Al momento de presenciarlo noté un aura extraña y conocida, una que no había de sentir desde yacía 194 años, cuando el planeta todavía era conocido como Tierra. Toqué la cinta y me percaté que se había convertido en una serpiente enroscándose sobre mi brazo, la cual atacaba de manera feroz, mordisqueaba mi brazo constantemente y parecía no querer parar. Intenté arrebatarla, pero entonces se dividió en dos y así hasta que fueron diez. Pude desglosarlas de mi cuando ellas me empezaron a suplicar que las escuchara. Entonces me guiaron hacia un elefante amarillo que sostenía en su espalda un hombre que, a su vez, cual mesero, cargaba en una charola una superficie muy parecida a la de la Tierra. La mirada del elefante me indicó un camino neuronal que me explicaba la situación:

El elefante sostenía en efecto un hombre con cualidad de mesero, pero también con la capacidad de ser nombrado Dios, bajo estatutos cristianos y humanos, quien estaba cargando su propia creación. Ambos seres estaban destinados a existir en continuidad, pues ellos técnicamente se sostenían a su misma vez.

Publicado en Bruno Rojas,Cuento

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